Hannah y su preciosa pony Cassandra viven en el campo con su abuela. ¡Vive sus divertidas aventuras y aprende con Hannah y su pony valiosas lecciones sobre el mundo que nos rodea!

Valores del cuento:  🙂 Amistad   ◊ Resiliencia   ♣ Altruismo


San Valentín

Hannah estaba ensillando a Cassy para ir a dar una vuelta. El sol brillaba sobre las verdes colinas y los pajaritos comenzaban a cantar mientras se acercaba el medio día. Aún quedaban algunos charcos que la nieve había dejado tras haberse derretido.

La abuelita le había pedido que le trajera unos cuantos ingredientes para hacer un rico pastel si se pasaba por el pueblo, así que lo tomó como una buena oportunidad para que Cassy volviera al pueblo -ya que desde antes de las nieves no había vuelto con ella-.

Ambas se encaminaron hacia el sendero que llevaba hacia el pueblo con cuidado de no manchar las patas de Cassandra. Cuando acababan de entrar a él, Hannah escuchó una voz a sus espaldas. Cassy se dio la vuelta y las dos amigas pudieron ver que Hans y Berto estaban a punto de llegar al sendero. Hans cogió a Berto y realizó un pequeño sprint hasta ellas.

-¡Hola chicas! ¿Vais al pueblo, no? -dijo Hans con su adorable sonrisa habitual.

-¡Hola Hans! -Hannah bajó de Cassy y todos comenzaron a caminar – Así es, vamos al pueblo porque, bueno, queríamos dar una vuelta y la abuelita ha aprovechado para mandarnos a comprar.

-¡Genial! Así veréis cómo ha quedado el pueblo con toda la decoración que han puesto.

Hannah y Cassy se miraron extrañadas.

-¿Qué decoración? Si ya no es Navidad ni nada…

-Qué despistadas sois ¡Se acerca San Valentín! -dijo muy animado Hans.

Ambas se quedaron mirando un rato a Hans y se hizo un silencio. Hannah y Cassy pasaban un poco de celebrar San Valentín; no les gustaba eso de tener que escoger a alguien especial adrede solo para celebrar un día al año el amor. Para ellas el amor y la amistad se celebraban todos los días.

-Ah, ya. Pues tiene que estar bonito el pueblo.

-¿Qué pasa Hannah, que tú no tienes con quién pasar San Valentín? Yo se lo voy a pedir a Mallory. Berto y yo íbamos al pueblo a comprarle un ramo de flores y una muñeca.

-Pues no tengo con quién celebrarlo, no, pero tampoco me voy a morir. Cassy y yo pensamos que esas cosas no tienen que ser tan forzadas, nosotras celebramos nuestra amistad todos los días; no necesitamos un “Día de la Amistad” para ser amigas…

Hannah y Hans comenzaban a caminar por las baldosas de piedra que señalaban que la entrada al pueblo estaba cerca, seguidos de Cassy y Berto.

-Además, ¿Mallory? Nunca me has dicho que te gustara… Y no sé dónde pretendes comprarle la muñeca porque la Señora Fischer se jubiló antes del invierno.

-Madre mía, sí que hace tiempo que no vienes al pueblo. Voy a comprarla en Dolls And Dolls, ahí seguro que encuentro una perfecta para ella ¡Tienen de todo! Y no, no te había dicho que me gustaba porque me di cuenta ayer, pensando con quién debería celebrar San Valentín.

Los pequeños entraron al pueblo y se separaron un momento. Hans se dirigió hacia la floristería y Hannah fue a la tienda a comprar lo que la abuelita le había pedido.

Tal y como había dicho Hans, el pueblo se preparaba para el 14 de Febrero adornado de guirnaldas rojas y rosas, con muchos corazones.

-¡Hola jovencita! ¿Qué te trae por el pueblo? Hacía mucho que no te veía por aquí.

-He venido a por ingredientes para una tarta- Hannah le dio la lista que la abuela le había escrito-.

-Vaya, vaya, así que vas a prepararle una tarta a tu Valentín? ¿Quién es? ¿Ese chico con el que vienes siempre?

Hannah se puso roja como un tomate y miró por la ventana en busca de Cassy, que se había quedado fuera esperando a que Hannah comprara los ingredientes.

-No, no. Es sólo para hacer una tarta normal, nada especial. No solemos celebrar San Valentín en casa.

-¡Oh!, pues discúlpame jovencita -la mujer le tendió una bolsa de papel – Aquí tienes tu compra.

-¡Gracias!

Cuando Hannah llegó hasta Cassy, en voz bajita le comentó lo que había pasado en la tienda y la pony comenzó a relinchar de la risa.

-¿Por qué se ríe así Cassy?- Hans asomó la cabeza detrás de un gran ramo de flores.

-Por nada -dijo Hannah apresuradamente- ¿Ese es el ramo? ¿No es un poco grande?

-¿Tú crees? Es que quiero que me diga que sí… Así que he puesto todas las flores que he podido.

-¿Y vas a cargar todo el camino con eso? -rió Hannah.

-¡No, qué va! Era sólo para enseñártelo. Se va a quedar en la tienda hasta el jueves, así no se me hará pocho y podré dárselo a Mallory fresco y bonito.

Los dos amigos fueron a buscar la muñeca perfecta para la Valentina de Hans a la tienda que éste había dicho que habían abierto en el pueblo. Hannah se enamoró de la tienda; era rosa y blanca y dentro tenía muchísimas de todos los tipos y tamaños. Hans le pidió ayuda para escoger una muñeca y Hannah señaló a una muy adorable que lucía en una cunita.

-¡Ay, esta me encanta muchísimo! Es muy muy bonita, seguro que esta le parece genial.

-¿Seguro que te gusta? Mira que como luego me la tire a la cara…

Hannah se volvió hacia su amigo muy seria.

-Si te la tira a la cara es que es idiota porque es la muñeca más requetebonita de la tienda.

Una vez comprada la muñeca, los dos amigos comenzaron a hacer camino de vuelta a casa. El día continuaba soleado y se dedicaron gran parte del camino a sortear los charcos que había por el sendero. Permanecieron un rato en silencio teniendo como única compañía el suave murmullo de los árboles y los tenues cantos de los pajaritos, hasta que Hans decidió hacerle una pregunta a su amiga.

-¿Por qué tu abuela y tú no hacéis nada en San Valentín?

-Ya lo sabes, Hans; mi abuelo murió hace tiempo y mis padres no están, así que no vemos por qué tenemos que celebrar algo que para nosotras no es muy importante, la verdad…

-Ya veo… No sé, es que con lo alegres que sois me resulta muy raro que no os apuntéis a una fiesta tan bonita.

-¡Cuack! -exclamó Berto, conforme con las palabras de su amigo Hans.

-Supongo que todavía no nos sentimos con fuerzas después de lo que les pasó a mis padres. No lo sé, Hans, quizá tengas razón y nuestra alegría algún día haga que lo celebremos.

Los cuatro se encontraban ya en la puerta trasera de casa de Hannah y su abuelita, que daba a la cocina y Hannah bajó de Cassy para despedirse de Hans y de Berto.

-Creo que este año es buen momento para comenzar a celebrarlo – antes de que Hannah se acercara para darle un abrazo, Hans le tendió la caja que contenía la muñeca. Hannah le miró muy sorprendida y de nuevo un rubor encendió sus mejillas.

-¡Hans! Pero, ¡¿no era para Mallory?!

-La verdad es que no. Berto y yo íbamos a comprarte el regalo al pueblo cuando os vimos de casualidad en el sendero, así que como sabía que me acompañarías decidí contarte una mentirijilla para no fastidiarte la sorpresa.

-Pero ¿y las flores?

-Son un encargo de mi padre, se las regalará a mi madre el jueves -los dos se quedaron un momento en silencio, con la mirada en el suelo- Bueno, ¿no la coges? Es para ti -dijo tendiéndole la muñeca.

Hannah le dio un abrazo de oso a su amigo y cogió la caja.

-Es perfecta, Hans. ¡Muchísimas gracias!

La abuelita salió por la puerta de la cocina y se acercó a los amigos.

-¡Vaya Hans, qué amable por tu parte haberle hecho un regalo a Hannah! Por cierto, el jueves estáis invitados a probar la tarta de San Valentín que voy a hacer.

-¿No se supone que vosotras no celebráis San Valentín?

-Bueno, Hans, quizá este año sea un buen momento para comenzar a celebrarlo.