Hannah y su preciosa pony Cassandra viven en el campo con su abuela. ¡Vive sus divertidas aventuras y aprende con Hannah valiosas lecciones sobre el mundo que nos rodea!

Valores del cuento:   🙂 Amistad   ∴ Responsabilidad   ♥ Empatía


♥ HANNAH Y LA TARTA DE LA ABUELA ♥

Hannah vivía en una pequeña casita de campo en un gran prado verde, junto a un bosque, con su abuela y su pequeña pony Cassandra.

Como cada día, Hannah se levantó y miró por la ventana el precioso amanecer. Después de esto, se aseó y corrió escaleras abajo hasta la cocina. Allí encontró a su abuela preparando un delicioso desayuno de frutas y leche con miel.

-A desayunar, ¡jovencita! -dijo su abuela mientras le servía el delicioso desayuno-.

-¡Felicidades abuela! – dijo abrazando con fuerza a la anciana.

-Muchas gracias, querida. ¡A la mesa, que se le pasan las vitaminas al zumo!

Ambas comentaron el frío que estaba comenzando a hacer por las noches mientras disfrutaban del estupendo desayuno.

Cuando terminaron, recogieron la mesa y lo dejaron todo ordenado. Hannah subió a su habitación para vestirse. Se colocó su jersey rosa, sus vaqueros y sus botas de montar. ¡Tenía muchas ganas de ver a Cassandra!

Cuando bajó de nuevo a la cocina mientras se abrochaba la chaqueta acolchada que había cogido del pasillo, Hannah descubrió a su abuela mirando el fondo de la nevera.

-Hmmm- rumió – parece que no nos quedan arándanos…¡Así no puedo hacer la tarta para celebrar mi cumpleaños! Hannah, ¿puedes acercarte al pueblo con Cassandra y comprar algunos arándanos?

Hannah asintió a su abuela, ¡era un día muy importante para ella!

Su abuela le tendió una bolsita de tela con el dinero y Hannah salió de la casa en dirección a la cuadra, donde Cassandra la estaría esperando.

Cassandra era una preciosa pony color marrón claro, con una trenza al lado que Hannah solía peinar con esmero y coronar con un precioso lacito rosa. Hacía unos años que Hannah se había encontrado a una cría de pony en el bosque, muerta de frío y sola. Hannah y su pony comprarElla la había llevado a casa y la había cuidado -incluso le había dado el biberón-. Por ello, Cassandra se convirtió en la mejor amiga de Hannah. Ambas se querían muchísimo y siempre se protegían la una a la otra.

En la cuadra, la pequeña pony aguardaba junto a la puerta la llegada de Hannah, que todas las mañanas aparecía para asearla, contarle cosas sobre cómo le había ido en el desayuno, cuáles eran sus más descabellados sueños… Y, por supuesto, pasear con ella.

COMPRAR HANNAH Y SU PONY

-¡Buenos días pequeña Cassandra! – exclamó Hannah – Hoy tenemos un encargo especial de la abuela, así que tendremos que ir al pueblo a por unos arándanos para su tarta especial.

Cassandra asintió. Hannah comenzó a asearla.
La cepilló y la peinó mientras le comentaba que estaba cerca el invierno y que este año convencería a la abuela para que las dos durmieran en la cama juntas.

-¡Odio que te quedes aquí en invierno!- dijo Hannah.

Lo cierto es que Cassandra no pasaba nada de frío en invierno, ya que Hannah se empeñaba en cubrirla con muchas mantas, pero no le gustaba nada levantarse con todo nevado y ver que su preciosa pony estaba en la cuadra.

-¡Muy bien! Ya estás lista – Hannah recogió el cubo de aseo de la pony y se puso su casco de montar. Ensilló a Cassandra para poder ir sobre ella más cómoda y subió a la pony.

Mientras se despedía de su abuela, Cassandra y Hannah comenzaron a avanzar por el camino que bordeaba el bosque, en dirección al pueblo. Tras un rato caminando, Hannah divisó el campanario del pueblo.

-¡Mira, ya nos queda poco Cassandra!

Cuando llegaron al pueblo, se dirigieron hacia la pequeña tiendecita de frutas que había justo en la plaza. Era un pueblo pequeño, cuyas calles todavía estaban empedradas, por eso siempre que llegaban al pueblo Hannah se bajaba de Cassandra, para evitar que las piedras pudieran lastimar sus preciosas patitas.

-Espérame aquí. Cogeré los arándanos y nos iremos para casa. ¡Hay que preparar la tarta!

Hannah saludó a la tendera y le pidió la comanda de su abuela. Se aseguró de que los arándanos eran los mejores de toda la tienda y volvió junto a la pony, que esperaba paciente junto a la puerta.

-Ya nos podemos ir ¿ves? Ha sido solo un momento -dijo mientras la acariciaba.

Cassandra y Hanna deshicieron el camino y pronto volvían a estar en casa.

-¡Hola! -dijo Hannah al entrar en la casa-.

La pequeña dejó los arándanos en la nevera y subió a cambiarse de zapatos y de ropa. Una vez se puso su bata y sus zapatitos de estar por casa, se dirigió al salón en busca de su abuela.

Su abuela estaba echada en el sofá, tapada con una manta y leyendo un libro. Saludó a su nieta con un beso cuando ella se le acercó y le dijo:

-Hannah, ¿podrías hacer tú sola la tarta? La abuela no se encuentra muy bien y le gustaría tener tarta para su cumpleaños.

Hannah sabía hacer la tarta de arándanos, la había hecho muchas veces con su abuela…¡Pero nunca sola!

-Está bien, abuela, ¡tendrás tu tarta! Me esforzaré mucho para que salga tan buena como la que haces tú.

Hannah dio un beso a su abuela y se puso manos a la obra en la cocina. Mientras preparaba la masa, Cassandra se asomó por la ventana de la cocina para ver qué estaba haciendo la niña.

-¡Hola Cassandra! La abuela me ha encargado hacer esta tarta para ella ¿crees que me saldrá buena? – la pony asintió y Hannah siguió con su masa.

Una vez puso el pastel en el horno, Hannah se sentó en la mesa de la cocina para beber agua y esperar a que estuviera bien hecha. Por la ventana, Hannah veía correr a su mejor amiga por el prado, jugando con las mariposas, mientras ella esperaba sentada a que la tarta acabara de hacerse. “Me apetece tanto ir a jugar”, pensó, “pero es mi responsabilidad, ¡tengo que hacerla bien! Después tendré tiempo para jugar”.

La tarta comenzó a hincharse y a dorarse y fue entonces cuando Hannah sacó la tarta. Olía tan bien…Quitó la tarta del molde y la puso en una bandeja, en el pollo de la ventana para que se enfriara con el aire fresco del campo.

Hannah fue a ver a su abuela, que seguía leyendo en el sofá.

-Abuela, la tarta está lista. Sólo le falta enfriarse. Creo que me ha salido bien…

-Muchísimas gracias, tesoro. Seguro que te ha salido genial. ¿Quieres que invitemos a Cassandra para que también coma un poco?

-¡Sí! -saltó Hannah.

Abuela y nieta se encaminaron hacia la cocina entusiasmadas. La tarta reposaba sobre la ventana pero había algo diferente en ella. Sobre la tarta estaba ahora la cabeza de Cassandra, olisqueando el buenísimo pastel que había preparado Hannah con mucha paciencia.

-¡Cassandra, quieta! – exclamó Hannah. Pero la pony no tardó en adentrar su hocico en la jugosa tarta de arándanos.

Hannah se quedó boquiabierta. Su primer impulso fue el de enfadarse con su amiga muchísimo pero pensó que si Cassandra estaba comiendo era por dos cosas: La tarta estaba muy buena y ella no había tenido cuidado con la tarta dejándola sin vigilancia junto a la ventana. Así que su reacción final fue la de acercarse a Cassandra riendo y preguntar:

-¿Está buena? ¡Muchas gracias!

No quedaba casi nada de la tarta, así que decidió dejar que la pony se la acabara dejándole la tarta en el suelo, junto a la puerta del patio que había en la cocina.

-Lo siento abuela, no debí dejar la tarta sin vigilancia en la ventana.

La abuela notó la tristeza de su nieta y le dijo:

-Mi niña, no te preocupes, es normal. Todos aprendemos de los errores que cometemos. Por todo tu esfuerzo, tengo algo para ti- se dirigió hacia uno de los armarios de la alacena y cogió una bandeja cubierta por un papel. La dejó en la mesa y la destapó.

-¡Es una tarta de arándanos! – dijo Hannah sorprendida – ¿De dónde la has sacado?

-Esta mañana me he levantado temprano para prepararla, por eso no quedaban arándanos cuando tú te has levantado. Quería que aprendieras a hacer la tarta tu sola para que aprendieras a creer en ti misma.

-No me la merezco, abuela, no he sido responsable.

-Al contrario, ¡querida! Has sido la jovencita más responsable de todo el pueblo. He hecho esta tarta para que pasara lo que pasase, tuvieras tu recompensa por tu esfuerzo.

-¡Muchas gracias abuelita! -dijo Hannah abrazando a su abuela.

-Recuerda siempre que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Las dos se reunieron junto a la mesa y probaron un trozo de la tarta mientras reían y Hannah le contaba a su abuela el camino al pueblo de esa mañana. Cassandra las observaba comer felices desde el umbral de la puerta y asentía a cada frase que Hannah decía. ¡Un cumpleaños perfecto!


Los cuentos de Dolls and Dolls ayudan a los más pequeños a desarrollar valores como la empatía, la amistad, la responsabilidad, la resolución de conflictos y la asertividad. La misión de estos relatos es la de que los pequeños tengan un desarrollo correcto de estas habilidades mientras evolucionan en la escritura y la comprensión lectora a la vez que se divierten.

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